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CARTA ABIERTA
Estimado Compañero o Compañera
Celebro el curso que está tomando la profesión veterinaria en la clínica de
pequeños animales. Es grato abrir cualquier publicación periódica y tener
que seleccionar de entre los numerosos y a cada cual más atractivo curso,
jornada o congreso al que asistir. Leer la sección de anuncios y advertir que
hay movimiento laboral, demandas y cada vez más ofertas (lo cual mejorará
el servicio, siempre deseable). Asombrarse ante casos clínicos diagnosticados
o resueltos con técnicas sofisticadas de resonancia magnética, TAC o todo tipo de "escopias". Disfrutar de conocer la presencia de un compañero
cercano impartiendo conferencias fuera de nuestras fronteras, e incluso más
allá del atlántico. Sentirse orgulloso cuando recibes la JVIM y lees artículos
elaborados por colegas españoles que trabajan en España. Lamentablemente,
estos estímulos positivos son al instante sustituidos por otros negativos
que llegan con más fuerza y energía. Energía negativa, nunca deseable. Al
instante recuerdo que tengo una entrevista de trabajo a las 15.00 horas en
Mercadona. Si, en Mercadona, no en Mercavalencia (ellos si que saben). Tengo una amiga que hace 40 horas a la semana tras una caja registradora
en Mercadona. Tiene un sueldo superior al mío que trabajo más de 60 horas
a la semana, noches, domingos y festivos incluidos. Paso consultas, vendo
productos de tienda, limpio consultas, trato con representantes, baño a
perros, hago cirugías y para más sorna, recibo denuncias de clientes descontentos.
Independientemente de que el sueldo total de mi amiga de Mercadona
(empresa que se merece las mayúsculas) sea íntegro (es decir, pase todo por la seguridad social), tiene tres pagas extraordinarias íntegras de
120.000 pesetas (que es lo que cobra al mes). Yo no. Cobro menos, y dentro
de ese menos, están "prorrateadas" (que risa) las pagas extraordinarias. Me
extendería más pero tengo que acudir a la entrevista de Mercadona. Finalmente
apuntar que deberían ustedes bajarse de los cielos de Granada, Rusia o Nueva York a la cruda realidad de
esta indigna profesión que por desgracia decidí un día estudiar. Ojalá hubiese estudiado Medicina
Humana, Farmacia, FP II, periodismo o magisterio. Ojalá me hubiese dedicado a la Tecnología
de los alimentos o a la Inspección de los mismos. O a la ganadería.
Tendría actualmente una calidad de vida que ahora, como "medico" (que risa, de nuevo) veterinario de
pequeños animales no tengo.
Un saludo,
Tarsicio Marco Valero
Apreciado colega:
No sólo estoy de acuerdo en la Teoría del Mecánico Veterinario, sino que lo hago extensible al
elecetricista Veterinario, por citar otro que tal.
Tienes razón; los mecánicos se dan “por culo” menos que nosotros, y el coche no puede esperar nunca,
cosa que el tumor de mama o, no digamos la cuestionada vacuna, por supuesto que sí. Además, levantar
al veterinario a las 3:00 a.m. vale muchísimo menos que hacerlo con un mecánico para que te haga el
“puente” con la batería por que te has quedado tirado. ¡Mandan huevos!
Al final tiene razón mi mujer “cuanto más te agachas, más se te ve el culo”. A vivir que son tres días.
Un cordial Saludo
Francisco Marínez Margenat
Veterinari-Campista
Col. 1270
Muy señores míos:
Recibo su publicación 'Pequeños Animales', y aunque siempre la he considerado muy interesante, me
atrevo a escribirles unas líneas debido al editorial del número 36, enero/febrero de 2002.
Mi más sinceras gracias por dicho editorial, suelo estar bastante de acuerdo con sus editoriales, pero me gustaría que transmitieran mi
felicitación a D. Benito Pérez Delgado, pues como casi siempre ha acertado, me ha
echo pensar y esbozar una sonrisa. Muchas gracias.
Aténtamente.
J. C. Romea
E-mail: jcromea.aforcod@infonegocio.com
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